Por Beatriz Busaniche

Escribir sobre este tema es complicado pero necesario. Sobre todo ahora que con el diálogo del gobierno y la oposición se ha reflotado el tema de la Reforma Política, se ha vuelto común ver la propuesta de Voto Electrónico como una de las formas de modernizar el sistema político. A lo largo de varios artículos, – porque el tema da para largo – voy a ir contando a los lectores por qué creo y sostengo que el Voto Electrónico es una muy mala idea.

La transparencia

Este es el primer y más importante item que se baraja a la hora de proponer Voto Electrónico. Es común escuchar a sus promotores diciendo que el Voto Electrónico suma transparencia al sistema electoral y se eliminan las posibilidades de fraude.

Para contrastar este argumento voy a citar un fallo de la Corte Constitucional de Alemania, publicado en marzo de este año, y que dice:

  1. El principio de la naturaleza pública de la elección, consagrado en el Art. 38 conjuntamente con el Art. 20, párrafos. 1 y. 2 de la Constitución, requiere que todos los pasos esenciales de la elección estén sometidos a la verificación por parte del público, siempre y cuando no haya otros aspectos constitucionales que justifiquen una excepción.
  2. Cuando se utilizan aparatos electrónicos de votación, los pasos esenciales de la gestión electoral y de la determinación del resultado deben ser pasibles de ser comprobados por el ciudadano de manera confiable y sin conocimientos técnicos especiales.

Bajo este argumento, la Corte Constitucional Alemana declaró inconstitucional el uso de computadoras para votar en Alemania y prohibió su uso en las futuras elecciones. A su vez, dijo que las elecciones pasadas fueron inconstitucionales por no cumplir con el principio de que el acto electoral debe ser comprensible para cualquier ciudadano sin conocimientos técnicos especiales. La solución a semejante coyuntura política – que por suerte ocurrió en Alemania, y no en un país con historia de conflictos institucionales como podría haber sido cualquiera de nuestras jóvenes democracias latinoamericanas- fue decir que la elección había sido inconstitucional, pero ante la inexistencia de denuncias y/o pruebas de fraude, los resultados fueron dados como válidos.

Lo que se puede sintetizar de este hecho no menor es que la inclusión de una caja negra, de dificil comprensión para el común de la gente que participa en un acto electoral cada domingo, ya sea como oficial policial, oficial del correo, autoridad de mesa o fiscal de partidos políticos, no suma transparencia al proceso sino todo lo contrario.

Hoy día, aquella maestra de escuelas o aquel empleado público que ejerce el rol de autoridad de mesa, lo hace en representación de una ciudadanía que tiene el derecho inalienable de auditar el proceso electoral. Cientos de miles de fiscales se movilizaron el pasado 28 de junio para resguardar la integridad del proceso central de la democracia. Esto ya no sería posible, o sería claramente inútil con Voto Electrónico.

Que el software sea libre no es suficiente

Algunos sostienen que este problema de la transparencia se solucionaría usando software libre. Esto no es así. En primer lugar, porque el común de la gente no sabe y no tiene forma de aprender a leer miles de líneas de código fuente, y por lo tanto la comprensión del sistema seguirá estando en manos de unos pocos.

Y en segundo lugar, porque como bien dice Richard Stallman, “usar software privativo es malo aquí, como siempre: el fabricante podría diseñarlo a sus anchas para fraude. Pero ser libre no basta, porque luego la autoridad electoral podría hacer el fraude. El único sistema de confianza es votar con papel.”

El software libre en este caso es indispensable, más no suficiente.

En síntesis, antes de evaluar la incorporación de Voto Electrónico, sería conveniente pensar concretamente cuál es el problema a solucionar y pensar una solución real y no cosmética. Incluir computadoras en el acto de emisión del voto no mejora la transparencia del proceso, más bien todo lo contrario: Hace más dificil comprender el funcionamiento y aleja la posibilidad de ampliar la participación ciudadana en el acto electoral.

Clientelismo político

Otra de las muletillas que se escuchan regularmente en favor del Voto Electrónico es que permite eliminar algunos mecanismos propios del clientelismo político o la compra de votos. El voto electrónico no soluciona el problema del clientelismo, más bien me animo a decir que potencia sus posibilidades.

Lo cierto es que el clientelismo político se basa en cuestiones que poco tienen que ver con la inclusión de tecnologías en el proceso electoral. El clientelismo político tiene varias múltiples aristas: desde aquellos que temen perder su empleo, que dependen del plan social o cuyas condiciones materiales de existencia dependen del gobierno de turno hasta aquellas que puedan necesitar el monto del pago que eventualmente se haga a cambio de su voto. En todos los casos hay una cuestión clave: comprobar que aquel que recibe el beneficio, efectivamente votó por quien ‘debía’ votar.

Lo que está en juego aquí es uno de los atributos del sistema electoral: el derecho al voto secreto.

Esto que muchos pierden de vista a la hora de alabar las virtudes y la rapidez del voto electrónico, es la clave para desmantelar los sistemas clientelares. De eso se trata el tan promocionado voto en cadena, o voto calesita, que tanto se critica.

Los sistemas de voto electrónico, eventualmente, podrían eliminar este mecanismo, pero esto no garantiza la eliminación del clientelismo en general.

Existen casos documentados (Ohio, EEUU) en los cuales las urnas electrónicas arrojaron listados de votos y votantes permitiendo comparar los listados y por supuesto,logrando así un listado detallado de voto y votante relacionados. No hay ningún caso en el sistema actual de violación del secreto del voto tan detallado: una perla para el clientelismo.

En Las Grutas, por ejemplo, en las elecciones de 2007, una de las máquinas usadas en la elección dejaba que un votante viera el voto que había emitido su antecesor.

Ni hablar de los casos en los que la identificación de los votantes se produce por sistemas centralizados de validación de identidad (Venezuela), en los cuales se tiene en tiempo real el mapa de votantes y por lo tanto, se puede ejercer presión sobre aquellos que no asistieron aún a sufragar y/o intervenir con punteros en las circunscripciones con alta tasa de deserción. En nuestro país, el voto es obligatorio. Pero en otros donde el voto no lo es, no ir a votar también es una opción de las democracias.

El clientelismo político es un problema social, económico, educativo. Existen muchas razones por las cuales una persona acepta canjear su voto por algún tipo de prebenda política. Ninguna de ellas se soluciona con computadoras ni con ninguna forma de tecnología.

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